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domingo, 31 de mayo de 2026

MATARON AL JEF un día 30 de mayo de 1961 el día que cayó la dictadura de Trujillo

 Recuerdos y testimonios históricos sobre las horas finales de Rafael Leónidas Trujillo.

El martes 30 de mayo de 1961 comenzó como un día más dentro de la rígida rutina del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, un hombre obsesionado con el control, la disciplina y los rituales. Sin saberlo, ese día sería el último de su vida y el inicio del derrumbe de una de las dictaduras más feroces de América Latina.

La mañana del dictador

Trujillo despertó alrededor de las 5:00 a.m. en la Estancia Radhamés, su residencia oficial ubicada donde hoy se encuentra la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en Santo Domingo.

Como cada día:

Recibió informes de inteligencia.

Se reunió con su edecán, el coronel Marcos Jorge Moreno.

Visitó la Base Aérea de San Isidro, donde se enfureció con el general José René “Pupo” Román por un simple charco de agua causado por una llave rota. La reprimenda fue pública y humillante.

Luego se dirigió al Palacio Nacional, donde sostuvo reuniones oficiales, incluyendo una con el presidente Joaquín Balaguer, quien dejó testimonio de ese encuentro en Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo.

Durante un almuerzo con amigos, Trujillo comentó que viajaría esa noche a San Cristóbal, información que llegaría a oídos de los conspiradores.

La tarde: rutina y señales
Después del almuerzo:
Visitó la Estancia Ramfis (hoy Cancillería).
A las 6:00 p.m. visitó a su madre, doña Julia Molina, como hacía habitualmente.

Caminó por la avenida Máximo Gómez hasta el malecón.
Volvió a San Isidro para verificar si habían reparado la llave rota. No lo habían hecho. Su furia aumentó.

Regresó a su residencia, saludó a su hija Angelita y, cerca de las 9:00 p.m., partió hacia San Cristóbal solo con su chofer, Zacarías de la Cruz, siguiendo órdenes que él mismo había dado: viajar sin escoltas.
Vestía uniforme verde olivo, señal inequívoca —según quienes lo conocían— de que planeaba visitar su hacienda y a una joven citada para acompañarlo esa noche.

La conspiración se activa

Cuando el Dr. Miguel Ángel Báez Díaz informó a Antonio de la Maza que Trujillo viajaría esa noche, los conjurados se movilizaron rápidamente:

Antonio de la Maza
Antonio Imbert Barrera
Roberto Pastoriza
Huascar Tejeda Pimentel
Pedro Livio Cedeño
Salvador Estrella Sadhalá

Amado García Guerrero (el más joven, 29 años)

Se distribuyeron en tres vehículos y se apostaron en la carretera hacia San Cristóbal para interceptar el Chevrolet Bel Air azul celeste del dictador.

La emboscada

Minutos después de pasar la Feria Ganadera, los conspiradores bloquearon el paso del vehículo de Trujillo y abrieron fuego.

Zacarías intentó escapar, pero Trujillo le ordenó:
“Párate, vamos a pelear.”
Herido, el dictador salió del auto. Antonio de la Maza se acercó y le disparó en el rostro: el tiro de gracia.

De la Maza pronunció entonces la frase que quedó para la historia:
“Este guaraguao ya no comerá más pollos.”

El cuerpo fue colocado en el baúl del carro de De la Maza para ser mostrado al general Pupo Román, quien había exigido esa prueba para activar el golpe de Estado.

El fracaso del golpe y la brutal represión

Aunque lograron ajusticiar al dictador, la segunda parte del plan —tomar el poder— fracasó por:

Coincidencias adversas
Fallas de coordinación
Traiciones y vacilaciones
La rápida reacción del aparato represivo

Los conjurados fueron perseguidos, torturados y asesinados por órdenes de Ramfis Trujillo y del jefe del SIM, Johnny Abbes García, excepto Antonio Imbert Barrera y Luis Amiama Tió, quienes lograron sobrevivir.

65 años después: memoria y advertencia

A pesar del tiempo, algunos jóvenes idealizan la dictadura. Frente a esa nostalgia peligrosa, vale recordar las palabras del padre del autor del texto original, historiador dominicano:
“Por muchas imperfecciones que presente la democracia, nunca debemos usar sus debilidades para justificar quitarle al ser humano lo más valioso que tiene después de la vida y la salud: su libertad de expresión y su derecho a transitar libremente.”

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