La industria de alimentación y bebidas acusó en 2025 los efectos de los aranceles impuestos por la administración estadounidense que preside Donald Trump. Las exportaciones de este tipo de productos a Estados Unidos sufrieron en 2025 una contracción del 9,6%, hasta los 3.041 millones de euros, bajando un puesto, hasta el quinto, entre los países que más importan alimentos y bebidas españolas.
Sí se mantiene como principal país fuera del mercado de la Unión Europea para el sector. “La imposición de los aranceles y la situación de inseguridad jurídica ha afectado al comercio exterior con ese país, que para nosotros es irrenunciable”, ha explicado Mauricio García de Quevedo, director general de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), principal asociación sectorial, y que ha presentado este martes los datos de actividad de 2025.
García de Quevedo ha señalado que el problema en ese país es “puramente político”. “No es una cuestión comercial. La industria tiene buena relación con los distribuidores, y nuestros productos tienen una gran acogida allí. Es una situación que depende de las negociaciones con la Unión Europea, de los equilibrios políticos, que crea una sensación de volatilidad y de inseguridad jurídica”, ha añadido.
Este ha indicado que 2026 ha comenzado en la misma línea, “quizá algo mejor y con un poco más de tranquilidad”, después de la decisión de la Corte Suprema de EE UU de tumbar el grueso de la política arancelaria de Trump. Los alimentos españoles más exportados a ese mercado son el aceite de oliva y el vino, aunque FIAB no ha detallado qué clases de productos se vieron más afectadas durante el pasado año.
En total, la industria de alimentación y bebidas exportó un total de 52.564 millones de euros, un 2,9% más que en 2024. En volumen, las ventas crecieron casi un 5%. Pese al retroceso en EE UU, los mercados tradicionales para el sector respondieron de forma favorable: las ventas a Francia, principal mercado exterior, mejoraron un 3,2% hasta 7.695 millones; Italia lo hizo un 3,1%, hasta 6.483 millones; y Portugal y Alemania crecieron un 8,2% y un 8,8% respectivamente, hasta 6.244 millones de euros el primero, y 3.150 millones el segundo.
En el lado de los retrocesos, las exportaciones a Reino Unido sufrieron una caída del 0,3%. Mayor fue la registrada en China, donde las ventas cayeron un 4,5% hasta 1.706 millones. García de Quevedo ha atribuido parte de la caída al sector porcino, que se ve afectado en las exportaciones al gigante asiático por los aranceles que su gobierno impuso a productos europeos como represalia a las tasas que la Unión Europea fijó a sus coches eléctricos. En diciembre, China fijó unos aranceles definitivos de hasta el 19,8% al cerdo europeo, aunque excluyó al jamón ibérico. Por otra parte, las exportaciones a ese mercado también se vieron afectadas por los casos de peste porcina africana que surgieron en Cataluña a finales del año pasado.
“Esperamos recuperar China. Es un mercado al que le gusta mucho la cultura y la gastronomía española y creemos que tenemos mucha oportunidad, al estar incorporando mucha clase media”, ha explicado el director general de FIAB. Japón, segundo mercado asiático más importante, retrocedió de forma más abultada, casi un 14%.
En materia de comercio exterior, la industria alimentaria espera que el acuerdo de la UE con Mercosur abra una importante oportunidad para sus empresas. “Es un acuerdo con el que estamos muy satisfechos; nos abre un mercado de 273 millones de consumidores y tenemos una gran expectativa”, ha indicado García de Quevedo. Ana Rodríguez Castaño, secretaria general de Recursos Agrarios y Seguridad Alimentaria del Ministerio de Agricultura, ha señalado que los efectos de Mercosur no serán visibles a corto plazo. “Hay que encontrar relaciones comerciales estables al otro lado y no es flor de un día”, ha dicho.
En total, la industria de alimentación y bebidas alcanzó en 2025 una producción de 137.188 millones de euros, un 1,7% más, gracias a la recuperación del consumo doméstico y a la fortaleza de la demanda exterior.
Para 2026, el sector aguarda los impactos que traiga consigo el conflicto abierto en Oriente Próximo. Los mismos se concentran, sobre todo, en los aumentos de costes energéticos, ya que las exportaciones alimentarias a la zona no son cuantiosas. “Nos afecta mucho más el incremento de costes, sobre todo si se sigue alargando el conflicto y el cierre del estrecho de Ormuz”, ha señalado García de Quevedo. Este ha insistido en reclamar al Gobierno ayudas directas y la suspensión del impuesto al plástico para paliar esos posibles impactos.
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