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domingo, 4 de diciembre de 2022

DE QUE HABLAR SI Asaltaron al tren de la democracia


El tren marchaba tranquilamente por los páramos desiertos de lo que antes había sido Francoland, conquistada con mucho trabajo y esfuerzo para los nuevos Estados Unidos que se estaban fraguando bajo mandato de la masonería, habiendo plasmado para la posterioridad la efigie de su primer presidente en los billetes de curso legal.

Sin disimulo, con la cara al descubierto, sabiendo que aunque le detuvieran su amistad con el sheriff mayor del condado le evitaría cualquier pena que pudiera corresponderle, además, un tribunal de justicia, decían que en nombre del pueblo, había condenado a uno de sus ayudantes por disparar y herir en una pierna a un preso convicto y confeso por sentencia firme, que huía cuando era conducido a prisión, acompañado de su pandilla de secuaces y a caballo, al trote y agotándolos por el esfuerzo, el Niño de la Sauna se encaramó al postigo de uno de los vagones y, de un potente salto, logró pasar a su interior, amenazando a los viajeros con una pistola en cada una de sus manos: Esto es un atraco, todo el mundo quieto o disparo.

El tren transportaba ganado, miles de ovejas apiñadas en los últimos vagones de la marcha. Entre los viajeros no había ningún tipo de personas agresivas, todos eran trabajadores de diferentes oficios y profesiones, tratantes de ganado, propietarios de pequeños almacenes, vendedores ambulantes, militares retirados postergados en la milicia, obreros del propio ferrocarril, trabajadores chinos que buscaban un sitio mejor al que tenían en su lugar de procedencia, mujeres y niños que iban a reunirse con sus maridos y padres, todo gente pacífica cuyo único sueño era trabajar y ser feliz con su familia y amigos.

En ese momento se interrumpió la película, se apagaron las luces de seguridad y se encendieron unos filamentos rojos como la sangre dentro de unas bombillas transparentes cuando empezó a sonar La Internacional, los asistentes se pusieron de pie y cerraron su canto con un clamoroso aplauso, que no llegué a captar si era de sumisión y miedo o de aprobación y afirmación de su espíritu marxista porque hacía muchos años que había visto algo parecido cuando un mandatario salía a saludar a un balcón en el Palacio de Oriente y a las veinticuatro horas todo el mundo despotricaba contra esa misma persona.
De cualquier forma, en la pantalla apareció el NODO de un expresidente?, noticiario de actualidad del feliz vivir de la nación..
El tren transportaba ganado, miles de ovejas apiñadas en los últimos vagones de la marcha. Entre los viajeros no había ningún tipo de personas agresivas, todos eran trabajadores de diferentes oficios y profesiones, tratantes de ganado, propietarios de pequeños almacenes, vendedores ambulantes, militares retirados postergados en la milicia, obreros del propio ferrocarril, trabajadores chinos que buscaban un sitio mejor al que tenían en su lugar de procedencia, mujeres y niños que iban a reunirse con sus maridos y padres, todo gente pacífica cuyo único sueño era trabajar y ser feliz con su familia y amigos. 

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