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miércoles, 23 de noviembre de 2022

SUPER Putin y Díaz-Canel inauguran en Moscú un monumento a Fidel Castro y hablan de cooperación estratégica




       Los mandatarios ruso y cubano, en el acto inaugural de la escultura de Fidel Castro en Moscú



Con emociones que saltaron al paisaje frío –donde la sensación térmica era de unos diez grados bajo cero–, y también con otras muchas que se quedaron enredadas y hechas un nudo en las gargantas, estas reporteras pensaban en la capacidad del ser humano para protagonizar lo heroico. Se agolpaban las reflexiones ante la lápida de granito que en esta ciudad custodia la Tumba del Soldado Desconocido, donde unas letras expresan: «Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal».

Hasta ese lugar preñado de simbolismos, donde una llama hace reverencia, sin apagarse, a la memoria de los caídos, llegó en la mañana de este lunes el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acompañado de quienes con él integran la delegación de alto nivel que hasta este 22 de noviembre realiza una visita oficial al país euroasiático.

Para que el mundo no olvide –porque algunos prefieren no recordar, y otros intentan disminuir el valor que tuvo ante la historia el arrojo de los soldados soviéticos, que evitó el avance del fascismo– existe ese monumento, en el cual el Jefe de Estado cubano colocó una ofrenda floral.

Resultó estremecedor escuchar, en el espacio abierto y al pie del Kremlin, las notas de nuestro Himno Nacional, interpretadas por una banda musical de la siempre querida Rusia; y fue muy emotivo escuchar una melodía solemne, de tono fúnebre pero hermosísimo, en la cual podía reconocerse la pasión y la enormidad del espíritu de una nación que mucho significa para Cuba.

La ceremonia fue breve, pero inolvidable. Flotaba en el aire la sentencia martiana de que honrar honra; y, además, emergía como purificada la certeza de que rusos y cubanos tienen un universo en común. La marcha del 26 de Julio, como sello final, rasgó el aire gélido; y otra vez los desvelos de aquellos que ya no están, volvieron a presentarse ante la admiración y el silencio de cada uno de nosotros.

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