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viernes, 10 de julio de 2026
Por qué Estados Unidos es el mejor país del mundo y no lo es España
En el 250 aniversario de la superpotencia hay que preguntarse por qué no se puede ser de izquierdas y admirar a los americanos..
The Newsroom, la pedante y deliciosamente entretenida serie de televisión sobre periodistas, empieza con una secuencia que contiene un monólogo ya famoso de Jeff Daniels -que interpreta a un presentador de informativos cínico y desmotivado- en el que explica por qué EEUU ha dejado de ser el mejor país del mundo. El acierto del guion de Aaron Sorkin no está en dedicarse sólo a enumerar sus defectos como nación, eso es fácil, sino en dejar claro que, en algún momento, fueron los mejores y que lo podrían volver a ser si son capaces de hacer autocrítica. Del pasado dice Daniels con nostalgia lo siguiente: «Construíamos grandes cosas. Realizábamos avances tecnológicos increíbles. Explorábamos el universo, curábamos enfermedades, cultivábamos a los mejores artistas del mundo y también teníamos la mejor economía. Nos dirigíamos a las estrellas...».
Estados Unidos es un país al que todos miramos, juzgamos y criticamos con mayor o nulo conocimiento. Algo normal dado su peso político y cultural. Hoy encontramos en la Casa Blanca a un Donald Trump que es un mamarracho abusador y mentiroso. En sus últimos 50 años, los presidentes de EEUU, incluso los mejor tratados por la historiografía, han sido en un análisis objetivo bastante decepcionantes. Ronald Reagan asfixió al comunismo, pero se equivocó al interpretar la globalización y su trato hacia los enfermos del sida fue deleznable; George Bush padre hizo una campaña infecta contra su rival Michael Dukakis lanzando bulos sobre su estado de salud y se equivocó con la economía; Bill Clinton resultó un acosador sexual y alguien que se sirvió de una guerra como salida política; George W. Bush protagonizó una política exterior disparatada; Barack Obama fue, pese a su flow, desencantador, y Joe Biden puede que, durante buena parte de su mandato, no supiera en qué pasillo está el Despacho Oval.
En Estados Unidos, la sanidad pública es muy cruel con la clase media (no como se dice, con los pobres), su sistema de reclutamiento universitario basado en falsas premisas de mérito favorece a los ricos, la cuestión racial no está resuelta, las intervenciones de sus gobiernos en Sudamérica y Asia han sido casi siempre filibusteras y, a pesar de contar con la maquinaria bélica más poderosa de la historia, lleva 70 años empatando o perdiendo guerras.
Todo eso es cierto. Como también lo es que es el mejor país del mundo. Lo fue y lo seguirá siendo, con sus defectos.
Nunca entendí el mantra de que no se puede ser de izquierdas y admirar a Estados Unidos. Tampoco que no se reconozca que es mejor que el imperio que domina tu generación esté en Washington y no en Pekín, Moscú o el Núcleo Coruscant, capital galáctica de Star Wars. Ojalá los políticos españoles hubieran redactado alguna vez un texto tan bien escrito como la Declaración de Independencia, parido un Thomas Paine y construido instituciones que resistan las tentaciones totalitarias. Ojalá tener su tradición en prensa. Ojalá su Hollywood. Incluso su música country suena a buen pasodoble. Dios salve a América.
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