HiRADiOs Voz Dominicana

viernes, 10 de julio de 2026

La caída de la economía de Cuba

 
En 1991 Fidel Castro tuvo que comunicar a los cubanos que Cuba había entrado en un «periodo especial» de restricciones económicas. Explicó que la causa era la desaparición de la URSS y la independencia de los países de Europa del Este (el Comecon), pero nunca habló de su responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 1989 contra Gorbachov.
De hecho, en 1991 se produce la normalización de las relaciones económicas exteriores. Por primera vez, desde 1959, Cuba se vio obligada a organizar su economía sin ayuda exterior significativa. De un plumazo Cuba se encontró sin subvenciones de la URSS y del resto de los países del Comecon y con un ejército de militares, policías, médicos y maestros que nadie reclamaba

Esta fase de la economía cubana tiene cinco periodos especiales bien diferenciados. El primero, de 1991 a 1994, de retroceso económico tremendo (un 36 % del PIB) y el consiguiente descenso en el nivel de vida. El segundo, de 1995 a 1999, es de estabilidad en la miseria. El tercero, de 2000 a 2019, de una mínima recuperación gracias a las relaciones con Venezuela. El cuarto, de 2020 a febrero de 2026 es otra crisis semejante a la de 1991, provocado por la pandemia, que afecta al turismo. al precio del petróleo (excepto en 2022 y 2023 por la guerra de Ucrania) y a la reducción de las remesas de los cubanos en el exterior.

El quinto es la fase actual, que comienza con el secuestro de Maduro y es el de la quiebra de la economía cubana, que tuvo que se declararse en suspensión de pagos, por sexta vez, en 2026. La prohibición de importar petróleo acelera el proceso de quiebra, pero, incluso sin ella, la desaparición del castrismo parece imposible de evitar.

La desaparición de la URSS y de sus miles de asesores, que habían enseñado cómo reprimir y controlar a la población, plantean a Fidel y Raúl Castro la incógnita de cómo sustituirlos para mantener su régimen de terror.

La parte de la seguridad interna se encomienda al Ejército. No a los generales del Ejército sino a los castristas generales del Ejército. Y dentro de estos a los más próximos a la familia de los Castro.

La segunda incógnita era como financiar esa estructura de poder al margen del presupuesto público. En 1993 Raúl Castro había creado Gaesa, para que les asegurase los ingresos en divisas para mantenerse al margen de lo que pudiera ocurrir con los ingresos y gastos públicos ordinarios. Desde el primer momento se convierten en los gerentes del sector del turismo. Gaesa es el titular de las acciones de las empresas mixtas que se crean con inversores extranjeros para la construcción y explotación de los nuevos hoteles cubanos.
Posteriormente se apropian de la gestión y de los ingresos de todas las actividades en las que aparezcan divisas. Desde el banco en el que se centralizan todas las operaciones de comercio exterior hasta el control de las remesas de los emigrantes.

El siguiente paso fue que Gaesa fuera el titular de las exportaciones de petróleo venezolano con las que se pagaban a los agentes de seguridad, militares, médicos y maestros que convirtieron a Venezuela en una dictadura similar a la cubana.

Por lo tanto, el análisis macroeconómico que se hace en este ensayo sólo puede ser aproximativo, pues no es posible saber si los ingresos, gastos, beneficios, perdidas y balance de Gaesa se han integrado total o parcialmente en los del Estado cubano.
Era la hora de hacer arqueo de una economía que se había adaptado a los principios marxistas–leninistas y a la planificación soviética de planes quinquenales. Una economía que, en cuatro años, de 1991 a 1994, se contrajo un 36%. Una crisis en la que los cubanos sufrieron reducciones significativas en sus cartillas de racionamiento. La inmensa mayoría pasó más hambre. Hoy la siguen pasando.
La agricultura cubana no era capaz de suministrar siquiera un mínimo de los alimentos imprescindibles para cumplir con los derechos de las cartillas de racionamiento.
Fue el más afectado desde el primer momento por el triunfo de Fidel Castro en 1959. Al igual que ocurrió con las revoluciones de Rusia y China. Fidel Castro tachó de contrarrevolucionarios a todos los campesinos propietarios de tierras por encima de una mínima extensión (67 hectáreas en el caso de Cuba). Todos perdieron sus tierras, que pasaron a ser propiedad del Estado.
Las explotaciones agrarias se organizaron en empresas estatales, granjas y cooperativas. Incluso los que habían conservado sus tierras tuvieron que integrarse en cooperativas que les fijaban qué producir, qué comprar, y qué vender; y a qué precio.
El resultado fue una catástrofe, mitigada, en parte, por la mayor productividad, reconocida estadísticamente, de los campesinos dueños de sus tierras.

Y por increíble que parezca las reformas necesarias desde 1991 se produjeron con lentitud y con grandes limitaciones. En lugar de seguir las políticas de Deng Xiaoping, que lo primero que hizo fue disolver los granjas y cooperativas estatales y dar libertad a los campesinos para producir lo que quisieran a precios de mercado, siguieron las de la nueva Federación Rusa, que tardó tres años en reconocer la propiedad privada en el sector agrario.

Lo único que funcionaba en el sector agrario cubano en 1991 era el sector del tabaco, que Fidel Castro respetó por propaganda y por ser capaz de generar divisas.
Y el que estaba en peor situación era el dedicado a la explotación de la caña de azúcar. La obsesión de Castro con el azúcar explica, en parte, la nacionalización del campo, junto con la expropiación de las 161 centrales azucareras que funcionaban en 1959. La incompetencia de Castro era tal que creyó que el campo y las centrales azucareras serían capaces de producir permanentemente 10 millones de toneladas de azúcar anualmente y que esa producción le daría el control del mercado internacional del azúcar. Una estupidez que se puso de manifiesto con la zafra de 1970, que apenas produjo 8,1 millones de toneladas a costa de paralizar todo el país para conseguirlo. Desde 1991 la producción de azúcar se empezó a reducir. Era evidente que no era una actividad productiva sin la maquinaria moderna que Cuba no tenía. Hoy apenas existe una decena de centrales azucareras. El objetivo de la última zafra, la correspondiente a 2024/2025, era la producción de 265.000 Tn. La producción fue de sólo 150.000Tn. Cuba ha empezado a importar azúcar.
La disminución del cultivo de caña de azúcar no ha tenido el efecto que sería de esperar con su sustitución por otros cultivos. El campo cubano sigue estatizado, aunque con concesiones a agricultores propietarios o usufructuarios de tierras públicas a los que se permite producir y vender en mercados libres. Los dos sectores, el público y el privado, sin embargo, han sufrido desde 1991 una restricción que no les permite mejorar. No han tenido accesos a permisos para comprar maquinaria, ni fertilizantes, ni pesticidas, ni carburantes que son, básicamente, de importación. Un problema no resuelto en este larguísimo periodo especial permanente, porque nunca ha habido las divisas necesarias para comprar lo imprescindible. Hasta tal punto que hoy las importaciones de alimentos es el primer rubro de las siempre limitadas importaciones.
Como apéndice no está de más señalar que el precio actual del azúcar en el mercado internacional es de alrededor de 15 centavos de dólar por libra de azúcar. Desde 1970, con la excepción de los años 74 a 76, el precio del azúcar ha sido de alrededor de los 21 centavos por libra. Mas de cincuenta años después.
En el sector primario lo único que ha funcionado es la minería del níquel y del cobalto y producciones reducidas de zinc, oro, plata, cromo y hierro. Las minas cubanas de níquel y cobalto son explotadas por la empresa canadiense Sherrit que exporta el mineral para ser tratados en sus plantas de Canadá. El níquel y el cobalto son el primer renglón de las exportaciones cubanas.

Cuba produce ahora petróleo y gas natural en cantidades insuficientes para cubrir su demanda interna. En 2025 se produjeron 40.000 barriles diarios de crudo equivalente (petróleo y gas). Se trata de un petróleo pesado y con alto contenido de azufre lo que dificulta su refino y solo se emplea para la generación eléctrica en sus termoeléctricas. Las necesidades de Cuba son del orden de 100.000 barriles día.

La industria cubana de 1991 era un desastre ya que sus resultados eran y son cada vez peores por la falta de inversiones. Los créditos de la URSS modernizaron una parte significativa de la industria básica y de las infraestructuras; aunque hay que volver a recordar que los créditos de la URSS se terminaron en 1989 y hasta 2014 ni siquiera hubo un acuerdo de refinanciación.(2) La industria básica cuenta, y contaba, con 7 plantas generadoras de energía, construidas en su mayoría en los años 50, 60, 70 y 80. Seis plantas productoras de cemento, las últimas de los años 70, son capaces de producir 1,5 millones de Tn., lo mismo hoy que en 1991; en la actualidad, una planta moderna de tamaño moderado produce esos 1,5 millones de Tn. Cuenta con cuatro refinerías, una anterior a 1960, con una capacidad de refino de 120.000 barriles por día. Una industria siderúrgica con una sola planta productora de acero, que se ha modernizado en 2023 con una inversión de 100 millones de dólares con un crédito de la Rusia de Putin. Una cuantía que a los políticos cubanos les parece enorme. Y multitud de talleres y pequeñas empresas que producen siempre menos de lo imprescindible.
La principal industria cubana era en 1991 la de la producción de azúcar a la que ya se ha hecho referencia. Durante décadas ha absorbido los insuficientes recursos económicos del país a pesar de que los planificadores, y autores de los planes quinquenales de los años 80 y 90, sabían perfectamente que no eran rentables. Después de 1991 se ha ido reduciendo su número, canibalizando la mayoría para mantener las pocas existentes en la actualidad. Un problema común a todas las economías socialistas planificadas, que pueden identificar a las menos eficientes, pero son incapaces de impulsar el desarrollo de otros sectores industriales al carecer de un sistema de precios de mercado. El impulso para nuevas industrias ha sido siempre de orden político. Son legión los proyectos visionarios de Fidel Castro demostrando sobradamente que fue un estúpido arrogante y que todos sus proyectos, después de absorber los escasos recursos económicos de Cuba, han terminado por desaparecer.
En su conjunto, la industria es muy antigua, ineficiente, de reducido tamaño y con un consumo desproporcionado de electricidad y carburantes.

El sector de la construcción, como el resto, adolecía en 1991 de falta de maquinaria y de los insumos necesarios. En las estadísticas oficiales aparece la construcción de casi 2 millones de viviendas entre 1959 y 2024. Un dato que exagera y califica como viviendas la conversión de cualquier construcción a lo que haya sido posible ponerle un tejado, unas paredes y un suelo. Durante los 66 años que, hasta ahora, ha durado el castrismo, la población ha pasado de 6.500.000 personas en 1959 a los 9 millones actuales, después de haber sido de casi 11millones. El grueso de las viviendas en las que viven los cubanos son las abandonadas, o confiscadas, a los cubanos que se han ido de Cuba. Los escasos datos fiables de los que se dispone sugieren que hasta 1990 se construyeron 22.000 viviendas al año, reduciéndose sustancialmente entre 1991 y el año 2000 y creciendo nuevamente hasta las 20.000 anuales desde esa fecha hasta 2020 y estancándose nuevamente la producción desde ese año.
En 1991, el sector servicios había absorbido todo el empleo que no había encontrado acomodo en la agricultura y la industria. El paro en Cuba era imposible teórica e ideológicamente. Nuevamente por decisión de Fidel Castro se había creado un ejército para operar en todo el mundo y multiplicado el número de médicos y enfermeros y de profesorado con el mismo objetivo. A partir de 1991 se tiene que reducir el tamaño del Ejército, pero se mantiene el del sector educativo como potencialmente generador de divisas convertibles. No sabemos el número de personas que componen los servicios de seguridad. Sí sabemos que la represión nunca ha tenido dificultades para financiarse porque un régimen de terror necesita muchos operativos y muchos ayudantes.
Otra herencia envenenada con la que se encontró la Cuba del período especial permanente de 1991 era el endeudamiento exterior tanto en divisas convertibles con países de economía de mercado como con rublos –aparentemente– convertibles también en dólares.
En abril de 1986, como habíamos adelantado, Cuba suspendió pagos en moneda convertible. Las negociaciones para resolver la crisis se alargarían hasta 2015. En ese año aprovechando el impulso de la política aperturista con Cuba de Barack Obama, el Club de París, que agrupa a 14 de los mayores países de economía de mercado, llegó a un acuerdo sobre una deuda exterior de 12.500 millones de dólares, pues al principal de la deuda –alrededor de 4.500 millones– hubo que sumar los intereses de más de 30 años de impagos. 
Lo que no esperaba Fidel Castro es que la URSS primero, y después la Federación Rusa, reclamará el pago del principal de la deuda comercial que se había acumulado hasta ese año (unos créditos concedidos al margen de las enormes subvenciones que recibió el régimen castrista por ser el brazo ejecutor de los delirios expansionistas soviéticos). La deuda en octubre de 2013, sin diferenciar entre principal e intereses, sumaba ese año 35.200 millones de dólares.
La deuda exterior de Cuba con otros países como Japón, China y otros, sumada a la de La Federación Rusa y la del Club de París, alcanzaba, en total, 54.000 millones de dólares, de los cuales al menos 8.500 eran intereses por los impagos de esos años.

La Rusia de Putin había llegado a un acuerdo con Cuba en 2013 en virtud del cual se condonó el 90 % de la deuda. Un acuerdo ratificado por la Duma en 2014. Los 3.500 millones de dólares restantes se pagarían en 10 años, invirtiendo ese dinero en la propia Cuba en empresas mixtas ruso-cubanas. Algo que, en parte, sí se ha hecho.
También se llegaron a acuerdos con el llamado Club de Londres, que agrupó a bancos privados y empresas suministradoras con deuda pendiente. China había llegado a un acuerdo de condonación de 6.000 millones en 2011, Japón condonó también, un 80% de los 1.400 millones de deuda en 2013, y México había condonado otros 350 millones en 2013.
La «deuda viva» oficial tras las condonaciones de todos los países acreedores se cifraba en 2016 en 18.500 millones de dólares. El compromiso del Gobierno castrista era pagarlos en plazos hasta 2034 y años posteriores. En realidad, al margen de pagos testimoniales, nada se ha pagado. (4)

Para comprender la magnitud de los 54.000 millones de dólares de deuda externa hay que compararlos con el PIB de Cuba. En 1991 era de 24.000 millones de dólares a precios actuales. En 1993, el PIB se había reducido hasta los 17.300 millones de dólares a precios actuales. Eso significaba que la deuda originada desde 1959 hasta 1991, los 54.000 millones de dólares, eran el 225 % del PIB de 1991 y el 312 % del PIB de 1993.

Ese enorme endeudamiento significó que hasta 2015 Cuba no encontró financiación para cubrir sus déficits de balanza de pagos, al margen de las subvenciones y pagos que obtuvo de la Venezuela de Chávez desde el año 2000, que examinaremos posteriormente, y del turismo y las remesas de emigrantes cuyos ingresos totales servían para estabilizar la economía. Nunca para invertir ni mejorar.
El FMI ha calculado que el déficit público en 1990 era del 9,4% del PIB y que en 1993 alcanzó el 30% del PIB (5). Todo el déficit público se monetizaba (igual que ahora) imprimiendo billetes de curso legal en Cuba lo que, a su vez, producía (como ahora) una inflación desmesurada que repercutía en el tipo de cambio del peso cubano, desorganizando y confundiendo los precios que se utilizaban internamente para preparar los correspondientes planes económicos. Al margen de erosionar el nivel de vida de los cubanos, pues el reparto de la inflación se ha hecho desde siempre con subidas de los salarios y las pensiones muy inferiores a la subida de precios de los bienes y servicios que han tenido que comprar a la «Empresa Estatal Cuba».

La situación era tan desesperada que Cuba tuvo que aceptar en 1993 la circulación del peso cubano convertible y del dólar hasta el año 2021, en que se volvió autorizar únicamente un nuevo peso cubano en lugar del peso convertible y de los dólares, estableciendo un tipo de cambio oficial de 1 nuevo peso por 24 pesos convertibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario