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domingo, 26 de julio de 2026

¿Internet acabará con la radio? Por Nelson Rodrigues Tatis

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¿Internet acabará con la radio?
Por Nelson Rodrigues Tatis

Durante décadas he dedicado mi vida a la radio. He visto desaparecer tecnologías que en su momento parecían insustituibles, mientras otras surgían para transformar la forma en que la humanidad se comunica. Hoy, después de más de seis décadas vinculado al mundo de la radiodifusión, me hago una pregunta que muchos profesionales del medio se plantean: ¿podrá Internet acabar con la radio?

Internet nació como una tecnología complementaria. Su propósito inicial era facilitar el intercambio de información y conectar personas, instituciones y conocimientos. Sin embargo, con el paso de los años dejó de ser un simple aliado para convertirse en el gran protagonista de la comunicación mundial. Primero transformó la prensa escrita, luego revolucionó la televisión y la industria musical, y ahora desafía directamente a la radio.

Hacer predicciones absolutas sobre el futuro de los medios de comunicación siempre ha sido una tarea arriesgada. La historia está llena de expertos que anunciaron el fin de un medio para luego comprobar que éste supo reinventarse.

Un ejemplo conocido es el del tecnólogo estadounidense Nicholas Negroponte, fundador del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) e impulsor del proyecto "Una laptop para cada niño". Hace algunos años aseguró que para 2015 los periódicos impresos prácticamente habrían desaparecido y que la población obtendría toda su información a través de Internet, relegando incluso a la televisión.

Aunque aquella predicción no se cumplió exactamente como fue planteada, tampoco estuvo completamente equivocada. Los periódicos impresos continúan circulando, pero han perdido millones de lectores frente a las plataformas digitales. Hoy gran parte de la población consulta las noticias desde teléfonos inteligentes, tabletas o computadoras, una realidad que confirma el profundo cambio en los hábitos de consumo informativo.

La radio tampoco ha escapado a esa transformación.

Diversos estudios realizados en Europa y América han venido mostrando desde hace más de dos décadas una disminución progresiva del consumo de radio tradicional entre las nuevas generaciones.

Uno de ellos, presentado por el profesor Xosé Ramón Pousa Estévez, de la Universidad de Santiago de Compostela, durante la Bienal Internacional de Radio de México, revelaba que en España el porcentaje de jóvenes menores de 30 años que escuchaban radio regularmente pasó de un 42 % en el año 2000 a un 34 % en 2008, reflejando un cambio significativo en las preferencias de consumo.

Investigaciones posteriores realizadas por el Pew Research Center en Estados Unidos llegaron a conclusiones similares. Las personas menores de 50 años comenzaron a considerar Internet como su principal fuente de información y entretenimiento, mientras la radio fue perdiendo protagonismo frente a las plataformas digitales, las redes sociales y los servicios de contenido bajo demanda.

América Latina tampoco ha sido ajena a este fenómeno.

Estudios universitarios realizados en Ecuador, Colombia, México, Argentina y otros países muestran que una gran parte de los adolescentes y jóvenes dedica muy poco tiempo a escuchar la radio convencional. Cuando necesitan información inmediata o desean entretenimiento, recurren primero a Internet, luego a las redes sociales, posteriormente a la televisión y, sólo en una mínima proporción, a la radio tradicional.

La irrupción del teléfono inteligente aceleró todavía más esta transformación. Hoy una sola pantalla reúne funciones que antes estaban distribuidas entre varios dispositivos: radio, televisión, prensa escrita, música, cine, videojuegos y redes sociales conviven en un mismo aparato disponible las 24 horas del día.
Pero sería un error interpretar estos cambios como una sentencia de muerte para la radio.
La historia demuestra que este medio ha sobrevivido a cada revolución tecnológica. Sobrevivió a la llegada de la televisión en los años cincuenta, resistió el auge del casete, del disco compacto, de la televisión por cable, de los reproductores MP3 y, posteriormente, de las plataformas de video y de música por streaming.

Cada vez que alguien anunció su desaparición, la radio respondió adaptándose.

Lo que realmente está desapareciendo no es la radio como medio de comunicación, sino una forma tradicional de consumirla.

Hoy millones de personas siguen escuchando radio, aunque muchas veces ya no lo hacen mediante un receptor convencional. Lo hacen desde un teléfono móvil, una computadora, un automóvil conectado a Internet, un altavoz inteligente o una aplicación de streaming. A ello se suman los podcasts, las transmisiones en vivo por redes sociales y las plataformas digitales que han ampliado el alcance de las emisoras mucho más allá de sus fronteras geográficas.

La radio ha dejado de depender exclusivamente de las ondas hertzianas para convertirse en un contenido multiplataforma.

El gran desafío para las emisoras ya no consiste únicamente en transmitir una buena programación. Ahora deben competir por la atención de una audiencia que tiene acceso inmediato a miles de opciones de entretenimiento e información.

El oyente actual exige inmediatez, calidad, credibilidad e interacción. Quiere escuchar un programa cuando desee, participar mediante las redes sociales, acceder al contenido desde cualquier dispositivo y compartirlo con facilidad.

Por esa razón, el futuro de la radio dependerá menos de la tecnología y mucho más de su capacidad para innovar.

La radio seguirá teniendo un espacio privilegiado mientras conserve aquello que ninguna inteligencia artificial ni ningún algoritmo pueden reemplazar completamente: la cercanía de la voz humana, la emoción de una transmisión en vivo, la credibilidad del periodista responsable, la compañía permanente al oyente y la capacidad de informar con rapidez durante situaciones de emergencia.

Después de más de sesenta años viviendo la evolución de este maravilloso medio, estoy convencido de que la radio no desaparecerá. Lo que desaparecerá será la radio que se niegue a evolucionar.

Internet no representa el final de la radio; representa el comienzo de una nueva etapa. Como ha ocurrido tantas veces en su historia, la radio tendrá que reinventarse una vez más para seguir acompañando a millones de personas en todo el mundo.

Porque mientras exista una voz capaz de emocionar, informar y generar confianza, siempre habrá alguien dispuesto a escucharla.

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