La creciente inestabilidad en el estrecho de Ormuz está forzando un cambio de paradigma en el comercio internacional. Europa, junto a Egipto e Italia, ha decidido apostar por una alternativa para poder saltarse este paso estratégico, afectado por el conflicto entre Irán y Estados Unidos. La caída del tráfico marítimo y el encarecimiento de los seguros han convertido esta ruta tradicional en un cullo de botella cada vez más problemático.
A raíz de esto, el tránsito de buques se ha reducido drásticamente y los costes asociados al transporte se han disparado. Las primas por riesgos de guerra han pasado de niveles mínimos a cifras que llegan a multiplicarse por varias veces, lo que ha llevado a empresas logísticas a replantear sus rutas e incluso recurrir al transporte aéreo en algunos casos.En este contexto aparece la apuesta por el llamado corredor Ro-Ro, una solución que combina transporte marítimo y terrestre para conectar Europa con el Golfo sin necesidad de atravesar el estrecho. La ruta enlaza el puerto egipcio de Damietta con el de Trieste, een Italian, desde donde las mercancías cruzan por carretera hasta el mar Rojo para continuar su trayecto hacia países como Emiratos Árabes Unidos, Omán o Catar.
Egipto da un paso al frente
Este sistema permite reducir tiempos de entrega y, sobre todo, minimizar los riesgos derivados de toda la tensión geopolítica. Desde su puesta en marcha a finales de 2024, el corredor ha ido ganando protagonismo entre exportadores, especialmente para mercancías sensibles al tiempo. Con una capacidad actual de unos 420 camiones semanales, el proyecto ya empieza a consolidarse como una alternativa real.
El impulso político también está detrás de esta apuesta. El primer ministro egipcio, Mostafa Madbouly, ha defendido el proyecto como parte de una estrategia para convertir a su país en un gran centro logístico entre Europa, África y Oriente Medio.
Aun así, no es la única alternativa. Otros países están recurriendo a oleoductos o nuevas rutas para evitar el estrecho de Ormuz. No obstante, muchas de estas opciones tienen límites de capacidad, son más caras o también presentan riesgos, por lo que no acaban de rsolver el problema por completo.
En este contexto, Egipto intenta aprovechar la crisis. A pesar de que su economía sufre por la caída de ingresos del canal de Suez, el país ve una oportunidad para ganar protagonismo en el comercio global. La vía Ro-Ro no solo reesponde a una urgencia, sino que puede convertirse en una solución estable a largo plazo.
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