En plena Broadway Road, entre luces de neón y puertas que nunca se cierran, Nelson Rodrigues Tatis avanzaba con paso firme. La ciudad de la música lo recibía como a uno de los suyos: guitarras llorando blues desde cada bar, voces rasgadas saliendo de cada esquina, turistas mezclados con músicos que parecían vivir en un eterno escenario.
A su lado, los guitarristas afinaban cuerdas y sonrisas, listos para encender la noche. El aire olía a whisky, a sueños y a historias que solo Nashville sabe contar. Y allí, en pleno downtown, Nelson no era un visitante: era parte del show, parte del ruido, parte del latido.
Nelson Rodrigues Tatis en Nashville, en plena Broadway, rodeado de guitarristas, luces de neón, bares abiertos y esa vibra musical que no se detiene. Nashville tiene esa magia: uno camina por la calle y parece que cada puerta abre a un escenario distinto.
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