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viernes, 16 de enero de 2026

Marco Rubio, de senador anti MAGA a presidente de Cuba por mandato de Trump

 

El secretario de Estado, Marco Rubio, hace una declaración a los periodistas en el Departamento de Estado en Washington, el 13 de enero de 2026.© AP

Desde su irrupción en la política nacional en 2010, Marco Rubio se ha consolidado como una de las figuras más influyentes de Washington. En poco más de una década ha pasado de ser un legislador proclive al consenso a convertirse en uno de los principales defensores de la doctrina de Donald Trump, con especial énfasis en la política hacia América Latina.

El actual secretario de Estado de Estados Unidos protagoniza una de las transformaciones políticas más notables del Partido Republicano reciente. Quien fuera uno de los críticos más duros de Trump durante las primarias de 2016 —llegando incluso al enfrentamiento personal— es hoy uno de sus colaboradores más cercanos y un firme ejecutor de su política exterior, con evidentes aspiraciones presidenciales de cara a 2028.

“Tiene el oído de Trump, pero no el control”, señala Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, quien subraya la estrategia del exsenador: “Primero le ensalza y luego le matiza; esa es su forma de influir”.

Hace un año, Rubio se convirtió en el primer secretario de Estado de origen latino. Poco después, Trump lo designó consejero interino de Seguridad Nacional, concentrando un poder inusual en la diplomacia estadounidense, comparable al ejercido por Henry Kissinger. The New York Times describió entonces su nombramiento como una prueba decisiva para evaluar si Rubio podría aportar estabilidad a una política exterior marcada por el unilateralismo del “America First”.

Hijo de inmigrantes cubanos, Rubio inició su carrera política con posiciones moderadas, apoyando incluso medidas favorables a inmigrantes indocumentados. Sin embargo, sus ambiciones nacionales lo llevaron a endurecer su discurso, especialmente a partir de su llegada al Senado en 2010. Aunque ideológicamente se formó como un “reaganista” clásico, supo reorientarse con disciplina para sobrevivir al terremoto político que supuso Trump dentro del Partido Republicano.

Tras fracasar en su carrera presidencial, Rubio reforzó su perfil como “halcón” en política exterior. Esa reputación le abrió las puertas del círculo íntimo de Trump en Mar-a-Lago, donde se convirtió en asesor habitual en asuntos internacionales y de seguridad. Su lealtad quedó sellada al votar contra la inhabilitación de Trump tras el asalto al Capitolio.

Aunque su nombre sonó como posible vicepresidente en 2024, Trump optó por J.D. Vance. El premio fue la Secretaría de Estado, desde donde Rubio ha respaldado decisiones controvertidas, como el debilitamiento de USAID o posturas que desafían el derecho internacional, alejándose de causas que antes defendía.

Para García Encina, Rubio busca mantenerse en un delicado “equilibrio” dentro del trumpismo, evitando choques con figuras de mayor peso ideológico mientras avanza su agenda sobre Cuba y Venezuela. La incógnita es si esta disciplina responde a convicción o a cálculo político.

Trump, por lo pronto, no oculta su aprecio. La semana pasada compartió irónicamente un mensaje que proclamaba a Rubio como “presidente de Cuba”, comentario que acompañó con un escueto: “¡A mí me suena bien!”. Una frase que resume, entre sarcasmo y cálculo, la singular relación entre ambos.

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