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jueves, 26 de enero de 2023

Los guardianes del sistema


Hay quién entiende que la cruz invertida es un símbolo satánico. Si alguien le dijera que es satánica, esté invertida o no ¿Lo entendería también? La cruz fue un “invento” de los guardianes del sistema para disuadir a todo aquel que se le ocurriera seguir las enseñanzas de Jesús. Mostrarte una cruz es como decirte – Mira lo que te pasará si haces como él-. ¿Y qué hizo él? Muchos creen que Jesús nos salvó muriendo en la cruz pero ¿Qué sentido tiene eso? ¿De qué nos salvó? ¿De los “malos”? ¿Ya no hay “malos”? Bajó Dios, en forma humana, y en vez de utilizar la varita mágica ¿Se dejó matar? ¿Se dejó matar un ser que no podía morir? ¿Qué mérito tendría eso?

La cruz se inventó para dar miedo. ¿Quién utilizaría, como recuerdo, el arma con la que mataron a su líder? ¿Imaginas las calles de Francia llenas de guillotinas? ¿Y las americanas llenas de horcas? ¿Por qué llenaron el mundo de cruces sino para recordarnos lo que les pasa a los que se rebelan contra el sistema, como hizo Jesús? ¿O no era Jesús antisistema?

Jesús nos dio una oportunidad de salvación, es cierto, pero no muriendo sino atreviéndose a sostener “en vivo”, ante las “autoridades” (Más exactamente, ante las potestades) que él era hijo de Dios y que todos lo somos. Esa fue su gran hazaña, su gran ejemplo. Hasta entonces, el nombre de “Hijo de Dios” estaba reservado para los faraones, para los reyes. Jesús reclamó el título de “Hijo de Dios” para todos y eso fue tanto como rechazar el sistema de castas, de clases, pues ¿Qué padre clasificaría a su prole en “hijos de primera” e “hijos de segunda categoría”?

Jesús defendió que todos los seres humanos tienen la misma dignidad por razón de nacimiento, de filiación divina, y merecen, por tanto, el mismo trato (y haciendo eso, nos defendió a todos). Esa es la base de todo derecho natural. ¿Como podría haber servidores y servidos, opresores y oprimidos, amos y esclavos, privilegiados y desahuciados, tratándonos todos como iguales? Pero los jerarcas se molestaron mucho, porque entendieron que, si se popularizaba el mensaje cristiano, se quedaban sin criados.

El mensaje de Jesús es un mensaje de hermandad (A nadie llames padre en la Tierra porque padre solo hay uno… Ama al prójimo como a ti mismo), pero el sistema que imperaba entonces, como el que impera ahora, se basa en el desconfianza y en el interés (Eso es, en la falta de amor). No es extraño que los “doctores de la ley” se enfadaran. – ¿Con qué autoridad enseña este?- se preguntaban, al ver que enseñaba, sin tener título. (Si fuera hoy le dirían -¿Tienes estudios, piltrafilla?-) Obviamente los que se pusieron en contra de Jesús fueron los mismos que se consideraban beneficiados por el sistema de clases, los que, por una razón u otra, lograron una clasificación más “elevada”.

Una vez vi una película en la que un desinteresado guerrero ayudó a un pueblo a desembarazarse del tirano que lo oprimía. Los pueblerinos, agradecidos, le ofrecieron el trono a aquel héroe y él, finalmente se sentó y tan pronto lo hizo, su semblante cambió; y es que si miras, desde un trono, desde un estrado, desde una cátedra, desde “arriba”, el prójimo se ve menos… próximo.

Hoy día, como en aquellos tiempos, hay osados guerreros que dicen ser disidentes, que nos arengan, nos ilusionan, nos preparan para esa “gran batalla del bien contra el mal” que siempre ubican en el futuro. Bien harían, si antes de hablar, se plantearan ¿Quién les otorgó su título y para qué? ¿Qué piensan hacer con ese título cuando ganen la guerra? ¿Están dispuestos, esos héroes antisistema, a prescindir de su clasificación y a cultivar su propio alimento? ¿O su idea es ocupar el trono que los malos dejen vacante? ¿Es su intención abolir el sistema de clases, como quería Jesús, o perpetuarlo clasificándose como “nuevos amos del mundo”? Rechazar la clasificación impuesta por el sistema si sería una buena “crucifixión”, pues sería tanto como crucificar al ego, que es lo único que Jesús quería crucificar, pero claro, también es posible que esos doctorados crean que sabrán gobernar el mundo mejor que sus maestros, ya que no hay cosa que alimente más el ego que los títulos que el sistema otorga.


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