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martes, 24 de enero de 2023
DE ACUERDO: El foro de Davos y la cueva de los criminales
“Debemos levantar nuestros corazones, debemos abrirlos, debemos arreglárnoslas para continuar en todo lo que hacemos a pesar de todas estas razones en contra y poner la fuerza de nuestro corazón para contribuir a todo lo que hacemos”. (Klaus Schwab, Foro de Davos, 16 de enero de 2023). Estas son las hermosas palabras de apertura del autor de la Cuarta revolución industrial y El gran reinicio, obra, esta última, todo un elogio a la pandemia como gran oportunidad para el crecimiento de la humanidad.
Hay que ser psicópata primero para escribir cuentos de sirenas tan terroríficos y, por otro lado, iniciar un evento como el de Davos invocando a los corazones. ¿A qué corazones se refiere usted, señor Schwab, a los de los niños que sufren miocarditis y pericarditis por su venenosa vacuna, que es un arma para matar a la gente, sin importar la edad, o a los suyos, que se ven compungidos porque ven cómo las masas se les rebelan e impiden sus despiadados planes, razón por la que sufren grandemente porque no saben cómo imponernos la agenda satánica? Y todavía tiene la cara dura de decir, eso sí, en petit comité, que deben abrirlos y ver la forma de continuar. ¿Quiere decirnos que el fin justifica los medios, que, si tiene su majestad que matar a la mitad de la humanidad se va a quedar tan ancho para conseguir su objetivo? Y para eso, claro, como nos aman tanto, ¿van a poner la fuerza en sus hermosos corazones? Este bello discurso lleno de corazones, me recuerda a las escenas en la cultura azteca en la que los corazones caían por las pirámides cuando se les sacaba a los prisioneros sin piedad y sus cuerpos caían escalera abajo, para disfrute de los comensales que esperaban comerse los brazos de tan bravos guerreros. Al menos, a pesar de ser salvajes, eran sinceros y ejecutaban lo que decían, mientras que usted, señor Schwab, menciona los corazones como si de cualquier cosa se tratase, como un hipócrita, psicópata, enfermo, loco y satánico, porque eso es usted.
Sería harto aburrido contar lo sucedido desde la plandemia. Claro que sus obras, La cuarta revolución industrial ya escrita en 2015, no es más que un plan siniestro y demoniaco que no creo que fuese elaborado por su sucia mente, sino que alguien se la inspiró, mucho más satánico de lo que usted ya nos parece y me refiero a los Rothschild, a esa saga de enfermos mentales que controlan los 196 bancos centrales del mundo y han dirigido la historia de la humanidad desde la independencia de los EE.UU., pasando por la Revolución francesa de 1789, engendros creadores de dos guerras mundiales y de todas las crisis económicas que la humanidad ha sufrido hasta la fecha. No es difícil imaginarse que ellos le inspiraron sus maravillosas obras, en las que como siempre nos tratan como estúpidos y nos pintan un mundo de fantasía y de felicidad después de siglos de dolor creados por sus satánicos amos. Por eso no nos extraña su sangre fría, esa obsesión por el corazón, por lo rojo. Puede que usted sea adicto al adrenocromo, esa droga que sacan de los niños que tanto placer les ocasiona y que, de paso, el inconsciente le haya traicionado, señor Schwab.
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