La agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres (ONU Mujeres) establece que, dentro del ámbito privado, una de las formas habituales de violencia es la de carácter económico.
La violencia económica consiste en lograr o intentar conseguir la dependencia financiera de otra persona, manteniendo un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole acciones tan cotidianas como trabajar o asistir a la escuela.
Para la exjueza argentina y vicepresidenta de la Academia Iberoamericana de Derecho de Familia, Graciela Medina, la violencia económica es “la peor de las violencias que existen, es la madre de las violencias porque es una condicionante de otras violencias”.
Durante su participación en la clausura del XIV Congreso Latinoamericano de Niñez, Adolescencia y Familia, Medina aseguró que este tipo de violencia muestra las relaciones de poder dentro de la pareja, haciendo que la mujer, para poder contar con un techo y alimentos para ella y sus hijos, “tolere violencia física, psicológica y sexual”.
A su juicio, “la violencia económica a quien más perjudica es a los niños” cuando son utilizados como moneda de cambio en las discusiones entre adultos y sale a relucir el pago de la manutención.
“Hay violencia económica en la falta de pago de los alimentos. El incumplimiento alimentario, en sus distintas variantes, constituye un modo particularmente insidioso de violencia”, sostuvo.
La abogada resaltó que “no se ven casos de reclamos de alimentos hacia mujeres” sino que las sentencias por manutención son impuestas a los hombres.
Otra característica que evidenció es que afecta a todos los estratos sociales, pero con mayor impacto a las personas vulnerables. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su informe de 2021 establece que 209 millones de personas viven en condición de pobreza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario