El doctor comenzaba la consulta a las tres de la tarde, y tenía las citas cada veinte minutos. Debido a las medidas covid, se recomendaba que los pacientes acudiesen solos y, a ser posible, a la hora indicada, a fin de evitar aglomeraciones. Antes de comenzar la consulta el doctor conectaba en su teléfono móvil la aplicación bluetooth y comprobaba que no se registraba ningún dispositivo disponible con el que poder contactar. El bluetooth es una aplicación que localiza dispositivos disponibles. Al comenzar la consulta no había ningún dispositivo disponible con el que poder conectarse, pero cuando se acercaba un paciente, a unos veinte metros de la consulta, en su teléfono móvil podía ver si aparecían dispositivos con los que conectar con bluetooth. Si el bluetooth detectaba algún dispositivo aparecía un código MAC adress (Media Access Control), un identificador único que los fabricantes de dispositivos electrónicos asignan a una tarjeta o elemento que se puede conectar en red. Consta de doce dígitos, números o letras agrupados de dos en dos y separados por un guion o por dos puntos. Se trata de un número de identificación, supuestamente, único e irrepetible para cada dispositivo electrónico. (Este detalle es muy importante, por lo que veremos después).
Después de atender al paciente, le preguntaba si se había vacunado de covid. Cuando la respuesta era afirmativa, solía ser rápida y sin titubeo; en cambio cuando era no, algunos mostraban cierto recelo, incluso enfado. Esto lo llevó a deducir que los no vacunados habían sido objeto de algún tipo de presión o acoso.
Tras tranquilizar al paciente, con independencia de la respuesta, el doctor lo iba anotando en una ficha. Ninguno de los 137 pacientes preguntados se negó a responder, aun habiéndoles ofrecido esa posibilidad. Sí es cierto que, como expresamos, los no vacunados se sentían algo molestos cuando se les preguntaba.
Si la respuesta era afirmativa, indagaba sobre qué tipo de vacuna les habían puesto, cuándo y si habían tenido alguna reacción adversa. Después les preguntaba si llevaban encima algún teléfono móvil o algún dispositivo electrónico. Si era así, les pedía que lo desconectasen un momento. Cuando lo apagaban, de su teléfono móvil desaparecía el código de uno de los dispositivos que se registraban en el bluetooth. (A veces esos dispositivos no aparecen con el MAC adress, con esos doce números, sino con el nombre o marca del dispositivo).
De los 137 pacientes preguntados, 112 contestaron afirmativamente y 25 dijeron que no. Ninguno de los que no habían recibido la vacuna registraban en el móvil del doctor dispositivos disponibles, es decir, ningún código. En 96 pacientes de los 112 que declararon haberse vacunado –habiendo apagado sus dispositivos electrónicos, si los llevaban—, permanecía en la pantalla del móvil del médico un código MAC, que el anotaba en la historia del paciente. Este hecho le hizo concluir que se trataba de un código que el propio paciente llevaba encima, integrado en su cuerpo. De hecho, cuando el usuario abandonaba la consulta y salía del edificio, el código desaparecía de su móvil. Resumiendo: el cien por cien de los pacientes que dijeron no estar vacunados no generaron ninguna señal bluetooth en el móvil del doctor; y, por otro lado, el 86 por ciento de los que declararon estar vacunados generaban una dirección MAC adress. (No todos los teléfonos pueden registrar estos códigos. Huawei, Samsung y Xiaomi sí los captan. Sería positivo que los usuarios hiciesen comprobaciones sobre los vacunados de su familia y entorno).
Imaginamos el estupor de un médico, al comprobar estas anomalías que nada tienen que ver con la sanidad o la medicina; como también el grado de decepción y desconfianza hacia un sistema que dice velar por los seres humanosDe toda esta investigación, al doctor le surgen numerosas dudas y preguntas, entre ellas: ¿por qué de un mismo vial (cinco dosis), aplicado a cinco personas distintas, cada una genera un código diferente? Consultado con informáticos en robótica, se sospecha que los códigos se puedan generar por la interacción de lo que se inyecta, con el material genético del paciente. Pero la investigación no ha hecho más que empezar, y queda mucho camino por recorrer. Otra de las preguntas que genera escalofríos es si el MAC adress detectado en una persona vacunada permite interaccionar con ella y hasta qué punto. Somos conscientes de que estamos geolocalizados a través de los móviles y otros artilugios, pero, como bien reflexiona el doctor: “otra cosa es que el dispositivo se lleve dentro”.Hemos publicado hasta la saciedad sobre los fines de manipulación y control de la humanidad que los “amos del mundo” tienen en su agenda desde hace mucho tiempo. El doctor no pertenece al mundo del periodismo de investigación; sin embargo, parece rendido a la evidencia y así lo expresa: “Si esta condición [de persona geocalizada] permite interactuar con mayor profundidad como, por ejemplo, conocer su estado de ánimo, su salud, sus intenciones, o controlar su voluntad… no lo sé… lo ignoro… el tiempo lo dirá”.
En efecto, el tiempo lo dirá y nosotros se lo contaremos. Hasta entonces, aprendamos a vivir las situaciones adversas desde nuestro rincón de paz. A pesar de todo, somos poderosos, aunque no lo sepamos o lo hayamos olvidado. La meditación, la oración y la práctica del amor incondicional son las armas más poderosas para combatir esta situación tenebrosa que estamos viviendo.

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