Ganadora de cuatro premios Óscar -dirección
artística, fotografía, diseño de vestuario y efectos visuales- y
candidata a otros cinco -actor (Rex Harrison), montaje, banda sonora
original, sonido y mejor película-, el filme contó con un presupuesto de
44 millones de dólares, equivalentes a lo que serían unos 330 millones
en la actualidad.
Al final, la recaudación en la taquilla mundial de
este "espectáculo de espectáculos", fue de unos 71 millones de dólares,
pero para entonces Fox, que con Taylor se convirtió en el primer
estudio en firmar un contrato de un millón de dólares a una estrella de
Hollywood, ya había vivido todo un infierno de adversidades.
La preproducción arrancó en el verano de 1960, en
los estudios Pinewood cerca de Londres. El director artístico John
DeCuir comenzó a construir los exóticos platós que habían enamorado a
los ejecutivos del estudio meses atrás, pero tras la renuncia del
director Rouben Mamoulian y la neumonía de Taylor, a la que se le tuvo
que practicar una traqueotomía, el rodaje se trasladó a Roma en busca de
un clima que no afectara a la recuperación de la actriz.
El rodaje, ya con Joseph L. Mankiewicz al frente
pero con las bajas de Peter Finch (Julio César) y Stephen Boyd (Marco
Antonio), que tenían otros compromisos en su agenda, se retomó en los
estudios Cinecittà, si bien hubo que rehacer los costosos decorados,
incluida la reconstrucción de Alejandría.
Rex Harrison y Richard Burton retomaron esos
papeles y la grabación se alargó por espacio de dos años y medio. La
versión entregada por Mankiewicz era de seis horas, pero el estudio
obligó a que se redujera hasta los 192 minutos a pesar de la petición
del cineasta de que se lanzaran dos partes del filme, tituladas como
"Caesar and Cleopatra" y "Antony and Cleopatra".
Fox se negó en redondo y apostó por aprovechar el
tirón mediático que generaba la relación sentimental entre sus
protagonistas -acosados permanentemente por la prensa del corazón-,
aunque años después se lanzó en vídeo una versión de 243 minutos, la
primera reducción que hizo originalmente Mankiewicz.
Taylor lució en la cinta 65 vestidos diferentes,
incluido uno, el de su entrada en Roma, confeccionado con piezas de oro
de 24 quilates.
El presupuesto solo para las prendas de la actriz
ascendió a 200.000 dólares de la época.
La historia sobre "la reina del Nilo" era el sueño del legendario productor Walter Wanger.
Para encarnar a ese icono femenino, considerado
una de las mujeres más fascinantes de la Historia, Wanger buscaba a una
intérprete con la mezcla perfecta de belleza, inteligencia y fuerza.
Supo que dio con ella cuando vio a Taylor en "A
Place in the Sun", la cinta de 1951 de George Stevens, si bien el
estudio prefería a actrices como Joan Collins o Susan Hayward, mientras
que el objetivo de Mamoulian era Dorothy Dandridge.
El escándalo originado por el romance entre Taylor
y Burton, que acabó con sus respectivos matrimonios de entonces, se
recuerda hoy tanto como las joyas de Bulgari que lució la actriz en la
cinta.
"Yo metí a Liz en el mundo de la cerveza. Ella me
enseñó lo que era Bulgari. La única palabra que sabe decir en italiano
es Bulgari", explicó un Burton al que no le afectó que incluso el
Vaticano denunciara públicamente ese romance y que calificase a Taylor
como una madre "inadecuada" y una "vagabunda erótica".
Ambos se casaron en 1964 para divorciarse una década después, contraer matrimonio de nuevo en 1975 y divorciarse en 1976.
Han pasado cinco décadas y Angelina Jolie quiere
tomar el testigo de Taylor en una nueva aproximación a la figura de la
reina egipcia, pero por el momento parece que el proyecto, en manos de
Sony Pictures, ya se ha topado con el rechazo de directores como James
Cameron, Paul Greengrass, David Fincher o Ang Lee. EFE
