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domingo, 24 de junio de 2012

Francia estrena un Parlamento hijo de la inmigración

“Un Hemiciclo menos blanco”, titulaba el pasado martes la edición digital del diario Le Républicain Lorrain. “La diversidad progresa en el Hemiciclo”, informaba Le Monde. “Más mujeres y diputados “salidos de la diversidad” en el Hemiciclo”, completaba francetv. Aludían al hecho de que, dos días antes, en las elecciones legislativas, los franceses habían enviado a su Asamblea Nacional a un puñado de diputados surgidos de la inmigración. Una docena de señorías con apellidos de indudable raíz magrebí o africana se sientan ahora en la sede de la soberanía popular de la República Francesa junto a los europeos de toda la vida.
¿Vuelve el black, blanc, beur, ese lema positivo de negro, blanco y árabe que, a fines de los años noventa, proponía la aceptación por parte de Francia de su carácter multirracial, que defendía que, lejos de ser un problema, eso suponía un capital para el siglo XXI? Es difícil aseverarlo con rotundidad. Por un lado, la ultraderecha del Frente Nacional obtuvo un buen resultado en la primera ronda de las presidenciales y consiguió el pasado domingo introducir dos diputados en la Asamblea Nacional. Millones de franceses siguen viendo a los inmigrantes, y también a los franceses hijos de inmigrantes no europeos, como el chivo expiatorio de su inseguridad y su angustia por el paro, el deterioro del sistema de protección social y la erosión del peso internacional de su país. Pero también algo muy reseñable se mueve en la otra dirección.